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Zoo de fósiles

La mayor parte de los seres vivos que han poblado la Tierra han desaparecido para siempre. Quincenalmente, Germán Fernández Sánchez les ofrece en Zoo de Fósiles la posibilidad de conocer la vida de algunas de las más extraordinarias criaturas que vivieron en el pasado y que han llegado hasta nosotros a través de sus fósiles.

Limusaurus, el dinosaurio del fango

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Hace unos ciento sesenta millones de años, a finales del Jurásico, el clima global era cálido. La formación de Shishugou, situada en el margen occidental del desierto de Gobi, en el noroeste de China, era por entonces una región boscosa con inviernos secos y veranos lluviosos debido a la influencia de los monzones. Grandes araucarias cubrían con su sombra un sotobosque de coníferas, colas de caballo, helechos y helechos arborescentes. Shishugou significa “el valle de los árboles de piedra”, por los troncos petrificados que se han encontrado allí. En la zona habitan dinosaurios, pterosaurios, mamíferos, cocodrilos, tortugas y anfibios. Junto a una pequeña cadena de montañas con volcanes activos hay una zona pantanosa. Cuando un volcán entra en erupción, la lluvia de cenizas forma un fango viscoso que se acumula en los pozos que crean los pisotones y chapoteos de los grandes dinosaurios. Otros animales más pequeños quedan atrapados en el fango y se hunden debido al paso de nuevos dinosaurios y a los intentos de escapar de las nuevas víctimas. Algunos depredadores también caen en la trampa al intentar aprovecharse de la comida fácil. Así se formaron en este yacimiento acumulaciones verticales de esqueletos de entre uno y dos metros de profundidad.

La especie más común en estos pozos es un pequeño dinosaurio descubierto en 2009, Limusaurus inextricabilis, “el lagarto atrapado en el fango”. En uno de los pozos se encontraron tres Limusaurus bajo dos depredadores de la especie Guanlong wucaii. Tras la caída de los tres Limusaurus, el primer depredador, un ejemplar joven, intentó comerselos; quedó atrapado a su vez, y el segundo depredador, adulto, trató después de comerse al primero, al que logró romper el cuello antes de morir.

Limusaurus es un terópodo, un dinosaurio bípedo como el tiranosaurio y el velocirraptor. Dentro de los terópodos, se clasifica en el grupo de los ceratosaurios. Es un dinosaurio relativamente pequeño, bípedo y esbelto, de un metro setenta de longitud y unos quince kilos de peso, con el cuello, las patas traseras y la cola largos, los pies alargados y las patas delanteras muy cortas. Las caderas se alzan a setenta centímetros sobre el suelo. El cráneo es corto, con ojos grandes. La abundancia de ejemplares de Limusaurus en los yacimientos sugiere que era un animal gregario, y la estructura de sus patas traseras indica que era un corredor veloz. Se calcula que podía superar los cincuenta kilómetros por hora, con zancadas de un metro ochenta. Se han encontrado ejemplares adultos y jóvenes; la cría más pequeña mide medio metro de longitud y debía de pesar unos trescientos cuarenta gramos.

Limusaurus es muy parecido a los ornitomímidos, los dinosaurios averstruz del Cretácico; un ejemplo más de la evolución convergente, que hace que dos seres vivos que no están estrechamente emparentados evolucionen a formas semejantes debido a que comparten modo de vida.

La anatomía de Limusaurus, como la de muchos dinosaurios, cambia radicalmente con la edad. En el caso de Limusaurus, la cabeza se aplana, las manos se alargan… Así, hasta setenta y ocho diferencias anatómicas en el esqueleto. La diferencia más llamativa es la de la dentadura. Los jóvenes tienen cuarenta y dos dientes, pero con la edad los pierden, y son reemplazados por un pico. En una fase intermedia, se pierden ocho dientes, de los que sólo dos, en la mandíbula inferior, se reemplazan por otros más pequeños. En este momento la ausencia de marcas de desgaste en los dientes indica que su uso disminuye. Y al pasar del año de edad, todos los dientes se han perdido. Y además, los alveolos donde se insertan los dientes, o desaparecen, o se fusionan en un canal que recorre la mandíbula inferior. A los seis años, los Limusaurus alcanzan la madurez, y su crecimiento se hace más lento.

La pérdida total de los dientes durante el desarrollo solo se conoce en un puñado de especies: el ornitorrinco y ciertos salmonetes y peces gato. El análisis isotópico de los fósiles indica que los jóvenes con dientes eran omnívoros, mientras que los adultos sin dientes eran herbívoros. Además, solo los adultos tragaban piedras, los llamados gastrolitos, para ayudar a la digestión, como hacían muchos dinosaurios herbívoros. Limusaurus es el único ceratosaurio herbívoro conocido; todos los demás eran carnívoros. O eso creíamos hasta ahora: quizá, tras el descubrimiento de Limusaurus, otros ceratosaurios conocidos por restos incompletos, y que se suponían carnívoros simplemente por su pertenencia al grupo de los ceratosaurios, podrían ser reinterpretados como herbívoros.

Las manos de Limusaurus son distintas de las de cualquier otro dinosaurio. Solo tiene cuatro dedos: el primero es el más pequeño, y carece de falanges; el segundo es muy robusto, casi tanto como el primer dedo de otros dinosaurios, y tiene tres falanges; el tercero solo tiene tres falanges, en lugar de las cuatro que tienen otros terópodos de la época; y el cuarto solo tiene una falange. Las garras son cortas, anchas y fuertes.

Desde hace casi dos siglos, los paleontólogos y los biólogos no se ponen de acuerdo sobre la evolución de los dedos de las manos desde los dinosaurios a las aves, lo que se llama el problema de la homología de los dedos. Los primeros dinosaurios terópodos tenían cinco dedos en cada mano. A lo largo de la evolución que condujo a las aves, el número de dedos se redujo a tres. Por la estructura de estos tres dedos en los terópodos más avanzados, los paleontólogos creen que los dedos perdidos son los dos últimos, el cuarto y el quinto. Pero ciertos estudios sobre el desarrollo embrionario de las aves indican que los dedos que se desarrollan en estas son los intermedios, el segundo, el tercero y el cuarto. En 1982, los paleontólogos australianos Tony Thulborn y Tim Hamley propusieron que en la evolución de la mano de los terópodos, los dedos perdidos eran el primero y el último, como en las aves, y los dedos restantes, segundo, tercero y cuarto, se habían modificado para parecerse al primero, segundo y tercero respectivamente. El descubrimiento de Limusaurus se consideró en un primer momento como una prueba de este modelo. Sin embargo, los ceratosaurios como Limosaurus no están en la línea evolutiva que conduce a las aves, estos son el grupo de los tetanuros. Además, las manos de los ceratosaurios son bastante diferentes de las de los tetanuros; se piensa que estos últimos las usaban para agarrar a sus presas, mientras que en los primeros esto no ocurría. De manera que la estructura de la mano de Limusaurus se considera ahora irrelevante para el asunto de la evolución de los dedos de las aves. Hay muchas propuestas que tratan de explicarlo, pero el problema sigue sin resolverse satisfactoriamente.

(Germán Fernández, 06/2017)

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