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Zoo de fósiles

La mayor parte de los seres vivos que han poblado la Tierra han desaparecido para siempre. Quincenalmente, Germán Fernández Sánchez les ofrece en Zoo de Fósiles la posibilidad de conocer la vida de algunas de las más extraordinarias criaturas que vivieron en el pasado y que han llegado hasta nosotros a través de sus fósiles.

Los tapejáridos, pterosaurios arborícolas

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Hace unos 125 millones de años, a principios del Cretácico, apareció en Eurasia un grupo de pterosaurios con unas características únicas, que los paleontólogos han agrupado en la familia de los tapejáridos. Estos pterosaurios, de tamaño pequeño o mediano, presentan una cresta ósea sobre el hocico, que en algunas especies sostiene una cresta aún mayor de tejido blando y fibroso, hecha de queratina, que se extiende hacia arriba y hacia atrás sobre el cráneo. Aunque tenían los ojos pequeños, su vista era excelente, mucho mejor que la de otros pterosaurios, y probablemente era el sentido que más utilizaban. En lugar de dientes, tienen un pico grueso de queratina semejante al de los loros. Los hombros son estrechos y bajos, de manera que las alas se unen al cuerpo más cerca del abdomen que de la espalda; su silueta recuerda a la de algunos aviones. Las garras están muy curvadas.

No está claro que la cresta tuviera una utilidad aerodinámica. Su gran tamaño, combinado con el excelente sentido de la vista de estos pterosaurios, sugiere que se trataba de una estructura de exhibición, usada probablemente en el cortejo, y que estaba adornada con colores vivos.

A lo largo del Cretácico, los tapejáridos se extendieron por el mundo; sus fósiles se han encontrado en España, Hungría, Marruecos, China, los Estados Unidos y Brasil. Por sus garras curvadas, se cree que los tapejáridos eran arborícolas; además, se han encontrado en yacimientos donde abundan otros animales que vivían en los árboles, como las primeras aves. Con su grueso pico, los tapejáridos son probablemente frugívoros u omnívoros; de hecho, un ejemplar fósil del género Sinopterus conserva semillas en su cavidad abdominal. La expansión de los tapejáridos por el mundo coincide con la aparición de las plantas con flores, las angiospermas.

El género que da nombre a la familia es Tapejara, una palabra de la lengua tupí que significa “ser antiguo”. Es un pterosaurio de 80 centímetros de largo y 3 metros de envergadura, que no pesaba más de 5 kilos. Vivió en Brasil hace 112 millones de años. Su cresta está formada por una púa ósea semicircular de 30 centímetros de alto sobre el hocico, y otra que se prolonga hacia atrás desde la parte posterior de la cabeza; ambas estaban probablemente unidas por tejido queratinoso. También tiene una pequeña cresta de hueso en forma de quilla bajo la mandíbula inferior. La anatomía de las cuencas oculares indica que, como algunas aves y reptiles actuales, permanecía activo a lo largo de todo el día en cortos intervalos alternos de vigilia y sueño.

En 2007, se creó el nuevo género Tupandactylus para dos especies que inicialmente se habían asignado a Tapejara, pero resultaron ser demasiado diferentes. El nombre está formado por “tupán”, que significa “dios” en tupí y guaraní, y “dactylus”, “dedo”, una terminación común en nombres de pterosaurios por los largos dedos que sostienen las alas. Tupandactylus también vivía en Brasil en la misma época. Su cresta es semejante a la de Tapejara, salvo que la púa delantera es recta en lugar de semicircular. También tiene una quilla bajo la mandíbula. La cresta de la especie menor, Tupandactylus navigans, carece de la púa trasera. Se han descubierto impresiones fósiles en las que aparece la cresta completa de esta especie, incluyendo el tejido blando. Vertical y redondeada por la parte trasera, ocupa toda la extensión del cráneo y se eleva como una vela, sujeta a la púa de hueso, con una altura del doble de su longitud. En un espécimen de Tupandactylus se han encontrado restos de picnofibras, filamentos semejantes a plumas, cubriendo la parte posterior de las mandíbulas.

Hasta hace unos meses, estos pterosaurios solo se conocían por sus cráneos, pero en agosto de 2021 se descubrió, en una redada contra el tráfico ilegal de fósiles en Brasil, un esqueleto completo de Tupandactylus navigans, que medía unos setenta centímetros de alto, contando con la cresta de más de veinte centímetros, y dos metros y medio de envergadura. Sus proporciones, con el cuello muy largo y carente de fuertes tendones, indican que no era un buen volador, aunque sí era capaz de despegar con rapidez; debía de ser un animal fundamentalmente terrestre, que volaba en cortos trayectos para desplazarse y para escapar de los depredadores. Se calcula que la especie más grande, Tupandactylus imperator, alcanzaba los cuatro o cinco metros de envergadura; su cresta, que se extendía hacia atrás entre las dos púas óseas, era mucho más grande que la de la especie menor. Aunque quizá no se trate de dos especies diferentes, sino del macho y la hembra de la misma especie; no se sabe con seguridad, hacen falta más estudios (y más fósiles) para confirmarlo.

Ya hemos hablado de Sinopterus. Con una cresta que se extiende hacia atrás sobre el cráneo y termina en punta, alcanzaba una envergadura de 1,2 metros. Vivió en China hace unos 120 millones de años. La gran cantidad de fósiles en distintas etapas de crecimiento de Sinopterus nos ha permitido conocer el desarrollo de estos animales. Un ejemplar de menos de 25 centímetros de envergadura estaba recién salido del cascarón cuando murió. Aunque los jóvenes ya eran capaces de volar al poco de nacer y las proporciones de las alas y la flexibilidad y fortaleza de los huesos no cambiaban mucho con la edad, los jóvenes, por su tamaño, estaban mejor adaptados a volar en bosques más densos, así que es posible que al crecer fueran cambiando sus territorios a bosques más abiertos.

También tenemos muchos ejemplares, al menos cuarenta y siete, casi todos juveniles, de Caiuajara, que vivió en Brasil hace 85 millones de años. Alcanzaba una envergadura de 2,35 metros y lucía una enorme cresta en forma de aleta de tiburón sobre la cabeza, más alta e inclinada en los adultos que en los jóvenes. No se han encontrado cráneos sin cresta, de modo que no parece que hubiera diferencias en ese aspecto entre machos y hembras, al contrario de lo que ocurre en otros pterosaurios. Los fósiles de Caiuajara se descubrieron en lo que había sido un lago rodeado por un desierto arenoso. Es posible que estos pterosaurios vivieran allí, o bien que visitaran el lago en sus migraciones y fueran sorprendidos por una tormenta. Como en el caso de Sinopterus, y de muchos otros pterosaurios avanzados, las crías eran precoces y podían volar al poco de nacer.

El tapejárido más grande que conocemos, después de Tupandactylus imperator, es Caupedactylus, con una envergadura de 3,3 metros, que vivió en Brasil hace 110 millones de años. Toma su nombre de la diosa tupí de la belleza, Caupa. Su cresta, grande y redondeada, es muy delgada, con menos de medio milímetro de espesor en la parte superior.

Otros géneros son Europejara, de dos metros de envergadura y 126 millones de años de antigüedad, descubierto en el yacimiento conquense de Las Hoyas; Wightia, que vivió en la isla de Wight, en Inglaterra, hace unos 125 millones de años; Eopteranodon, de algo más de un metro de envergadura, contemporáneo del anterior, que vivió en China; Huaxiapterus, también de China, y algo más reciente, 120 millones de años; Aymberedactylus, de más de dos metros de envergadura, que vivió en Brasil hace 108 millones de años; Afrotapejara, que vivió en Marruecos hace 90 millones de años; y Bakonydraco, que tenía las mandíbulas algo más grandes que los otros tapejáridos, y quizá fuera piscívoro. Vivió en Hungría hace unos 85 millones de años.

Aunque no conocemos tapejáridos más recientes, es probable que esta familia se extinguiera, junto con el resto de los pterosaurios y con los dinosaurios, a finales del Cretácico, hace 66 millones de años.

OBRAS DE GERMÁN FERNÁNDEZ:

Infiltrado reticular
Infiltrado reticular es la primera novela de la trilogía La saga de los borelianos. ¿Quieres ver cómo empieza? Aquí puedes leer los dos primeros capítulos.

El expediente Karnak. Ed. Rubeo

El ahorcado y otros cuentos fantásticos. Ed. Rubeo


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