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Zoo de fósiles

La mayor parte de los seres vivos que han poblado la Tierra han desaparecido para siempre. Mensualmente, Germán Fernández Sánchez les ofrece en Zoo de Fósiles la posibilidad de conocer la vida de algunas de las más extraordinarias criaturas que vivieron en el pasado y que han llegado hasta nosotros a través de sus fósiles.

Las faunas de Cerdeña

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Hace unos cinco millones y medio de años, a finales del Mioceno, tuvo lugar la crisis salina del Mesiniense. Como ya contábamos en el episodio de Zoo de fósiles dedicado a la fauna de Gargano, el mar Mediterráneo quedó separado del océano Atlántico y se secó casi por completo. La fauna circulaba libremente entre Europa y África, y por las islas que quedaron unidas al continente, como Cerdeña. Cuando el estrecho de Gibraltar se abrió y las aguas volvieron a llenar el Mediterráneo, Cerdeña quedó aislada. Los yacimientos de la isla nos permiten estudiar la fauna endémica que se desarrolló en esta isla en dos periodos sucesivos. El primero, la fauna Nesogoral, abarca el Plioceno superior y el Pleistoceno inferior, hace entre 3 y 1 millón de años, y recibe su nombre de Nesogoral, un pequeño bóvido con patas largas y delgadas, adaptadas a la carrera. A diferencia de lo que ha ocurrido a lo largo de la historia en muchas otras islas, donde la ausencia de depredadores ha favorecido la evolución de animales lentos, en Cerdeña sí había depredadores de los que huir, como la hiena corredora Chasmoporthetes melei. Esta hiena era un cazador veloz, más parecida al lobo de tierra que a las hienas actuales, con las patas semejantes a las del guepardo y dientes afilados como los de los félidos. No consumía huesos como las hienas actuales, sino que era carnívora. Habitaba en zonas abiertas y cazaba durante el día. Otro depredador más pequeño era Pannonictis, un mustélido emparentado con los grisones americanos. Como en otros mustélidos, los machos son mucho mayores que las hembras.

También formaban parte de la fauna de Cerdeña en esa época el macaco enano (Macaca majori), un pariente más pequeño del mono de Gibraltar que se alimentaba de semillas y frutos; el pequeño jabalí Sus sondaari, adaptado a una dieta exclusivamente herbívora, y no omnívora como sus parientes actuales; el lirón Tyrrhenoglis, que se caracteriza por su compleja dentición; el bóvido caprino Aselotragus; el topo tirreno (Talpa tyrrhenica), la musaraña Asoriculus similis y la pica sarda (Prolagus sardus).

Durante el Pleistoceno medio, hace entre 774 000 y 129 000 años, sucesivos cambios en el nivel del mar permitieron la llegada de nuevos colonizadores. En los momentos en los que el nivel del Mediterráneo era más bajo, Córcega y Cerdeña estaban unidas, y un estrecho de menos de diez kilómetros las separaba del archipiélago toscano, que por entonces era una península unida la continente. Desde un lado del estrecho se podía ver la costa del lado opuesto. La fauna Nesogoral fue sustituida por la llamada Tyrrhenicola, por el topillo sardo (Tyrrhenicola henseli). Pero no todas las especies de la fauna anterior se extinguieron. El topo tirreno sobrevivió hasta el Pleistoceno superior, y la musaraña y la pica no se extinguieron hasta el Holoceno.

La musaraña Asoriculus similis es una musaraña de dientes rojos emparentada con las recientemente extintas musarañas de las Baleares. Con hasta 24 gramos de peso, mucho más que sus parientes continentales, es un ejemplo de gigantismo insular. Desapareció de Cerdeña durante el Neolítico, hace entre 3000 y 6000 años. En la vecina Córcega, una especie de musaraña muy próxima, o quizá la misma especie, sobrevivió aún más tiempo. La musaraña gigante de Córcega (Asoriculus corsicanus) sufrió la competencia de las cabras que acompañaron a los pastores que colonizaron las islas, y también la de la musaraña de campo y el musgaño enano, introducidos accidentalmente por el hombre; además, la deforestación sufrida por la isla redujo su hábitat natural, lo que finalmente la condujo a la extinción. No disponemos de una datación precisa de los fósiles más recientes de la musaraña gigante de Córcega, así que no sabemos en qué periodo de deforestación se extinguió, pudo ser en la época romana, entre el siglo III y el siglo I a.C., o hacia el año mil, en la Edad Media.

La pica sarda, pariente de liebres y conejos, tenía las orejas más cortas que estos, y carecía de cola. Era más robusta que las picas actuales, y de mayor tamaño: superaba el medio kilo de peso. Era un animal muy abundante; vivía en hábitats muy diversos entre el nivel del mar y al menos 800 metros de altitud. Podía saltar y excavar, pero no era un buen corredor. Su dentición está adaptada a una dieta abrasiva, como hierbas duras, tubérculos… La alta incidencia de artritis en los fósiles de algunos yacimientos indica que estos animales alcanzaban una edad avanzada; se calcula que algunos ejemplares vivían hasta ocho años, mucho más que sus parientes del continente.

Cuando los primeros humanos llegaron a Córcega y Cerdeña hace 10 000 años, las picas fueron su principal alimento. El historiador griego Polibio, en el siglo II a.C., habla de un animal en Córcega que vive bajo tierra y de lejos parece una liebre pequeña, pero cuando se captura es muy diferente en su apariencia y en su sabor. Debe de ser la pica, porque por entonces no había ni liebres ni conejos en Córcega.

La pica sarda se extinguió debido a la extensión de la agricultura, la introducción de depredadores, como perros y gatos, y de competidores, como ratas, liebres y conejos, y la transmisión de enfermedades por estos últimos. Los restos más recientes que se han podido fechar mediante carbono 14 datan del siglo IV a.C.; es probable que la pica sarda se extinguiera durante la ocupación romana de la isla, entre el siglo III a.C. y el siglo V de nuestra era. En 1774, el zoólogo Francesco Cetti observó unas “ratas gigantes” en la isla de Tavolara, en la costa norte de Cerdeña, cuyas madrigueras eran tan abundantes que parecía que los cerdos habían estado removiendo el suelo. A veces se ha considerado que Cetti se refería a la pica, pero lo más probable es que se tratara de ratas comunes de alcantarilla.

Siendo la pica tan abundante, debía de ser la presa principal de los depredadores de la isla. La hiena corredora ya se había extinguido, pero la reemplazó el cuón sardo (Cynotherium sardous), un cánido endémico de Córcega y Cerdeña, del tamaño de un chacal, con un peso de unos 10 kilos. El cráneo del cuón sardo es ligero, con el hocico más estrecho que el de su pariente el cuón o perro salvaje indio, pero más ancho que el de un zorro. Su oído se había especializado en la escucha de sonidos agudos, de alta frecuencia; era sordo para los sonidos muy graves. Con sus patas cortas y musculosas, el cuón sardo cazaba por emboscada, agazapado contra el suelo. Se había especializado en presas pequeñas y rápidas; no solo picas, sino también otros mamíferos y aves. Se extinguió con la llegada de los humanos a las islas, hace unos 10 000 años.

El cuón sardo no era el único depredador de Cerdeña, había por entonces en la isla un búho de tamaño medio, Bubo insularis, y, como ya vimos en Zoo de fósiles hace unos años, una gran variedad de nutrias, algunas de gran tamaño.

Como hemos dicho, la fauna de esta segunda época, en el Pleistoceno medio y superior, se llama Tyrrhenicola, por el topillo sardo (Tyrrhenicola henseli). Este topillo es otro ejemplo de gigantismo insular, con un peso de casi 300 gramos, entre 5 y 10 veces mayor que el de sus parientes continentales. Los restos más recientes del topillo sardo datan de 1300 a.C. en Cerdeña, y de la época romana en Córcega. Otro roedor endémico era la rata tirrena (Rhagamys orthodon), emparentada con los ratones de campo del género Apodemus, aunque también de mayor tamaño; alcanzaba los 90 gramos de peso.

En las islas, los animales pequeños suelen aumentar su tamaño, pero a los animales grandes les ocurre lo contrario; su tamaño se reduce debido a la ausencia de grandes depredadores, y para hacer frente a la escasez de alimento. Así pasó en Cerdeña con sus dos mamíferos más grandes, el ciervo Praemegaceros cazioti y el mamut Mammuthus lamarmorai.

Aunque los parientes continentales de Praemegaceros cazioti rondaban los 400 kilos de peso, este ciervo endémico de Córcega y Cerdeña, con un peso de entre 70 y 90 kilos y una altura en la cruz de 1 metro, es poco mayor que un gamo. Las astas, desproporcionadamente grandes, se elevan más de medio metro por encima de su cabeza; son ramificadas como las de los ciervos o los renos, pero más anchas, aunque no tanto como las de los gamos o los alces. Era bastante abundante; como en las especies actuales, las hembras vivían en manada y los machos eran más solitarios. Se extinguió hace unos 7500 años.

El mamut pigmeo de Cerdeña (Mammuthus lamarmorai) alcanzaba una altura en la cruz de 1,4 metros, y su peso se estima entre 420 y 1650 kilos. Sus colmillos no pasan de 3,5 centímetros de diámetro máximo. Sus fósiles solo se han encontrado en el oeste de la isla, y son escasos; no disponemos de ningún esqueleto completo. En el siglo XIX se descubrió un esqueleto parcial en las obras de construcción del ferrocarril, lo que permitió describir la especie. El nombre específico, lamarmorai, honra al naturalista sardo Alberto La Marmora, que estudió los fósiles en 1858. El mamut pigmeo se extinguió hace unos 40 000 años.

Hoy solo queda un mamífero endémico en Cerdeña, el murciélago orejudo sardo (Plecotus sardus), descubierto en 2002 en las cuevas del centro de la isla. Está en peligro crítico de extinción.

Germán Fernández (31/03/2026)

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