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El conocimiento científico crece gracias a la labor de miles de personas que se esfuerzan, hasta el agotamiento, por encontrar respuestas a los enigmas que plantea la Naturaleza. En cada programa un científico conversa con Ángel Rodríguez Lozano y abre para nosotros las puertas de un campo del conocimiento.
¿Qué puede revelar un diente sobre la vida de un animal o de un ser humano que vivió hace cientos de miles o millones de años? Mucho más de lo que podríamos imaginar. Para Alejandro Romero, investigador del Departamento de Biotecnología de la Universidad de Alicante y nuestro invitado en Hablando con Científicos, los dientes son auténticos archivos biológicos capaces de conservar información sobre la alimentación, el comportamiento y el entorno en el que vivieron sus propietarios. Esa es precisamente la base de una disciplina tan sugerente como poco conocida: la ecología dental.
Romero la define de manera sencilla como el estudio del diente y de su adaptación al entorno. Aunque hoy el término se asocia especialmente a primates y evolución humana, sus orígenes se remontan a estudios sobre mamíferos herbívoros y la relación entre desgaste dental, alimentación y ambiente. Con el tiempo, la disciplina evolucionó hasta convertirse en una herramienta fundamental para interpretar la vida de especies actuales y fósiles.
Una de las razones por las que los dientes resultan tan valiosos para los investigadores es su extraordinaria resistencia. El esmalte dental, la capa externa que recubre la corona del diente, es uno de los tejidos más duros del cuerpo. Romero recuerda que alcanza una dureza de entre 6,5 y 7 en la escala mineralógica, una resistencia que permite que los dientes se conserven durante millones de años en el registro fósil. Mientras otros tejidos desaparecen, ellos permanecen como testigos silenciosos del pasado.
Sin embargo, esa resistencia no significa inmutabilidad. Los dientes se desgastan constantemente. Cada mordisco, cada movimiento de masticación y cada partícula abrasiva dejan una huella. Como explica Romero, “el esmalte se desgasta por el contacto entre los dientes cuando masticamos y por partículas abrasivas”. Ese desgaste constituye precisamente una de las principales fuentes de información para los investigadores.
La forma de los dientes también aporta pistas fundamentales. Existen unas quinientas especies de primates actuales y cada una presenta adaptaciones relacionadas con su modo de vida y su dieta. Los primates que consumen hojas suelen tener cúspides altas y afiladas, mientras que otros, como los humanos, poseen superficies más redondeadas y romas. Estas diferencias reflejan millones de años de evolución y adaptación a distintos tipos de alimentos.
No obstante, Romero advierte que la relación entre forma y función no siempre es tan simple como parece. Dos especies pueden compartir una morfología dental muy parecida y, sin embargo, vivir en ambientes radicalmente distintos. Esa aparente contradicción es precisamente uno de los aspectos más fascinantes de su investigación: comprender cómo organismos con estructuras similares logran adaptarse a condiciones ecológicas diferentes.
Para responder a estas preguntas, su equipo estudia tanto ejemplares de museo como poblaciones de primates en libertad. Entre sus investigaciones más destacadas figura el trabajo realizado con babuinos amarillos de África oriental y con mandriles de Gabón. Ambos grupos presentan denticiones extraordinariamente parecidas, pero viven en hábitats muy diferentes. Los babuinos habitan sabanas abiertas y consumen raíces, rizomas y tubérculos. Los mandriles, en cambio, viven en selvas densas y son más frugívoros.
La lógica sugería que los babuinos deberían mostrar un mayor desgaste dental debido al consumo de alimentos más abrasivos. Sin embargo, los resultados sorprendieron a los investigadores. “Encontramos que los frutos que caían estaban recubiertos de una tierra de origen volcánico y esa obsidiana hacía que los desgastes en el mandril fuesen mayores que en el babuino”, explica Romero.
Este hallazgo constituye un magnífico ejemplo de lo que significa realmente la ecología dental. No basta con saber qué come un animal; también importa dónde vive, cómo obtiene los alimentos y qué materiales acompañan a esos alimentos. El entorno deja una firma microscópica en los dientes que puede revelar detalles imposibles de detectar de otro modo.
Las herramientas utilizadas para ello son extraordinariamente precisas. Los investigadores analizan tanto el macrod esgaste visible a simple vista como el microdesgaste, formado por diminutas estrías y hoyuelos observables mediante microscopía. Estas señales permiten reconstruir hábitos alimentarios recientes y establecer modelos comparativos para interpretar especies extinguidas.
Aquí es donde la ecología dental se convierte en una poderosa herramienta para estudiar la evolución humana. Cuando los paleoantropólogos encuentran un fósil, necesitan compararlo con especies actuales para interpretar su modo de vida. Según explica Romero, el procedimiento consiste en “preguntarle” al fósil dónde encaja dentro de los modelos construidos con primates modernos. Si un patrón de desgaste se parece al de los gorilas actuales, podría indicar una dieta rica en hojas; si se asemeja más al de chimpancés o babuinos, las conclusiones serían distintas.
El investigador subraya que los fósiles nunca hablan por sí solos. “Al fósil le tienes que hacer hablar”, afirma. Para ello son imprescindibles los modelos comparativos obtenidos mediante el estudio de especies vivas.
La investigación más reciente está llevando este enfoque aún más lejos. Nuevas técnicas permiten estudiar la organización nanométrica de los cristales que forman el esmalte dental. Estos análisis han revelado que la disposición de los nanocristales varía en función de las exigencias mecánicas de la dieta y ha cambiado a lo largo de la evolución humana. Los resultados sugieren que grandes transiciones culturales, como el aumento del consumo de carne o la adopción de la agricultura, dejaron su huella incluso en la estructura íntima del esmalte.
Para Romero, estas investigaciones muestran que los dientes no son estructuras estáticas, sino sistemas biológicos complejos que reflejan una continua interacción entre anatomía, alimentación y ambiente. Son pequeñas cápsulas del tiempo capaces de registrar la historia evolutiva de una especie.
Os invitamos a escuchar a Alejandro Romero, Investigador del Departamento de Biotecnología de la Universidad de Alicante.
Referencias:
Departamento de Biotecnología de la Universidad de Alicante
Alejandro Romero, Nanostructure of tooth enamel casts light on dietary shifts as humans evolved Nature, NEWS AND VIEWS
03 June 2026
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