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Zoo de fósiles

La mayor parte de los seres vivos que han poblado la Tierra han desaparecido para siempre. Mensualmente, Germán Fernández Sánchez les ofrece en Zoo de Fósiles la posibilidad de conocer la vida de algunas de las más extraordinarias criaturas que vivieron en el pasado y que han llegado hasta nosotros a través de sus fósiles.

Seymouria, el falso reptil

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Hace poco más de un siglo, en 1901, el paleontólogo alemán Ferdinand Broili, interesado por los anfibios y reptiles del Pérmico, viajó a los Estados Unidos, donde colaboró con el paleontólogo estadounidense Charles Hazelius Sternberg en la excavación de los Lechos Rojos de Texas, estratos sedimentarios del Pérmico inferior teñidos de rojo por la presencia de óxido férrico. Entre los fósiles que encontraron había dos cráneos incompletos, uno de ellos asociado a elementos pectorales y vertebrales, que Broili describió en 1904 como una nueva especie, Seymouria baylorensis. El nombre genérico alude a la población de Seymour, cercana al lugar donde se encontraron los fósiles, y el específico al condado al que pertenece, el condado de Baylor. No eran estos los primeros fósiles de Seymouria que se encontraban: en 1882, el propio Sternberg había adquirido varios ejemplares hallados en la misma zona, pero estos fósiles no fueron preparados ni identificados hasta 1930.

En 1911, el paleontólogo estadounidense Samuel Wendell Williston describió un esqueleto casi completo de Seymouria, y se dio cuenta de que Desmospondylus anomalus, descrito poco antes a partir de restos fragmentarios, era en realidad un ejemplar juvenil o embrionario de Seymouria. Del mismo modo, el paleontólogo inglés David Meredith Seares Watson equiparó con Seymouria a Conodectes, descrito por Edward Drinker Cope en 1896. Sin embargo, Seymouria era ya un nombre muy arraigado y, a pesar de la precedencia de Conodectes, se mantuvo. En esos años, se creía que Seymouria era un cotilosaurio, un reptil terrestre primitivo de cuerpo robusto. Sin embargo, ya en los años 20 del pasado siglo, algunos paleontólogos consideraban que se trataba de un anfibio debido a sus semejanzas con los embolómeros, un grupo de animales de cuerpo alargado adaptados a la vida acuática.

Alrededor de los años 40 se describieron varios géneros nuevos emparentados con Seymouria, que formaron el grupo de los seymouriamorfos. Algunos de ellos parecían animales acuáticos, y algunos paleontólogos sostenían que Seymouria poseía una línea lateral, órgano sensorial de algunos animales acuáticos que sirve para detectar el movimiento y las vibraciones del agua circundante. La evidencia más concluyente llegó en 1952, cuando el paleontólogo checo Zdeněk Špinar descubrió que algunos ejemplares juveniles de Discosauriscus, otro seymouriamorfo, tenían branquias externas y línea lateral. Esto demostró que los seymouriamorfos pasaban por una fase larvaria acuática, y por tanto eran anfibios. Sin embargo, las semejanzas de Seymouria con los reptiles indican que los seymouriamorfos están muy próximos a los ancestros de aquellos.

En la segunda mitad del siglo XX se han encontrado nuevos restos de Seymouria en Utah, Oklahoma, Nuevo México, Canadá y Alemania. Conocemos dos especies: una más robusta, restringida a Texas, y otra más pequeña y abundante, extendida por Europa y Norteamérica, que por aquel entonces estaban unidas en el norte de Pangea. Los ejemplares más grandes no pasan de unos 60 centímetros, aunque otros seymouriamorfos, como Enosuchus, del Pérmico medio de Rusia, alcanzaban el metro y medio de longitud.

A pesar de ser un anfibio, Seymouria está bien adaptado a la vida en tierra firme. Vivió en el Pérmico inferior, hace unos 275 millones de años, y se parece a los reptiles de la época. Algunas características de su cráneo, cadera y patas son más semejantes a las de los reptiles que a las de los anfibios, tanto antiguos como modernos. Esto lo convierte en un fósil de transición muy importante, que documenta la aparición de ciertos rasgos reptilianos antes de la evolución del huevo amniota, que caracteriza a reptiles, aves y mamíferos.

Seymouria tiene la cabeza grande. El cráneo es como una caja de forma más o menos triangular visto desde arriba, con los ojos situados hacia la mitad de su longitud. En algunos ejemplares se conservan surcos en algunos huesos del cráneo que se han interpretado como vestigios de la línea lateral. Sin embargo, otros ejemplares, incluso juveniles, no tienen esos surcos. En la parte superior del cráneo, entre los huesos parietales, hay un pequeño agujero, el foramen pineal, donde se encuentra el ojo parietal, una parte del epitálamo cerebral con la capacidad de captar la luz. Este órgano, presente en muchos peces, anfibios y reptiles, está conectado con la glándula pineal, que regula el ciclo circadiano, la producción de hormonas y la termorregulación.

En la parte posterior del cráneo, detrás de cada órbita ocular hay una hendidura llamada escotadura ótica, que alberga el tímpano. Un hueso con forma de varilla delgada, llamado columela, conecta el tímpano con el oído interno. Este hueso, a lo largo de millones de años de evolución, se convertirá en el estribo del oído medio de los mamíferos. En otros anfibios, la columela es más gruesa, y su función principal no es la audición, sino servir de refuerzo para el cráneo. El oído interno de Seymouria tiene una cubierta de cartílago, no de hueso, como es el caso en los mamíferos, las aves y muchos reptiles y anfibios modernos.

El cuello de Seymouria es muy corto. Las patas, adaptadas para caminar en tierra firme, son robustas, y los pies son anchos, con cinco dedos gruesos sin garras. Su piel carece de escamas y de placas óseas, aunque algunos otros seymouriamorfos presentan pequeñas escamas circulares en el vientre.

Los músculos mandibulares de Seymouria están más desarrollados que los de otros anfibios contemporáneos; Seymouria era un omnívoro o carnívoro generalista, que se alimentaba de invertebrados, pequeños peces y quizá también materia vegetal. Es posible que practicara el canibalismo. Por otro lado, la debilidad de los músculos de la cadera y la relativa rigidez de la columna vertebral sugieren que no era un animal veloz. Se supone que la fase larvaria acuática duraba muy poco tiempo, debido a la alternancia de estaciones secas y húmedas y la aridez característica del Pérmico.

Aunque Seymouria ya se había extinguido en el Pérmico inferior por los cambios climáticos y la competencia con los reptiles, los seymouriamorfos desaparecieron definitivamente a finales del Pérmico, en la gran extinción permotriásica, junto con el 70% de las especies de vertebrados terrestres y el 81% de las especies marinas.

OBRAS DE GERMÁN FERNÁNDEZ:

Distensión de abductores: La saga de los borelianos II

La saga de los borelianos

Infiltrado reticular

Infiltrado reticular es la primera novela de la trilogía La saga de los borelianos. ¿Quieres ver cómo empieza? Aquí puedes leer los dos primeros capítulos.

El expediente Karnak. Ed. Rubeo

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